Orígenes y comercio del Queso Majorero

En el Museo del Queso Majorero podrán aprender sobre el origen de las islas Canarias, sobre las características de Fuerteventura, su fauna y su flora, y también sobre el queso, centrándonos, por supuesto, en el excelente Queso Majorero.

El origen del queso es incluso anterior al de la historia escrita, por lo que no se sabe exactamente cuándo comenzó a consumirse. Seguramente surgió como una manera de conservar la leche, aplicando sal y presión. Ya las antiguas civilizaciones sabían que se trataba de un alimento muy completo por su alto contenido en grasa, proteínas, calcio y fósforo.

El Queso Majorero es indisoluble a la historia de la isla y de sus habitantes, aunque no existen antecedentes escritos sobre la Fuerteventura anterior a la conquista de Bretones y Normandos.

Los orígenes de la tradición quesera en Fuerteventura, hay que buscarlos en sus primeros pobladores, los majos, herederos del conocimiento de la tradición bereber  norteafricana y que ocuparon la isla durante aproximadamente un milenio. A lo largo de la historia, el queso ha sido un alimento básico del majorero, cuya principal actividad económica era la ganadería.

El queso se convirtió en la mejor forma de conservar los excedentes de producción de leche y poder almacenarla. Su consumo permitía además sobrellevar las épocas de hambrunas.

Su importancia se ve reflejada en los testimonios de los colonizadores que llegaron a la isla en el siglo XV. “Le Canarien”, es la crónica de la expedición normanda llevaba a cabo en 1402 por Jean de Bethencourt y Dadifier de la Salle. En ella se refleja la existencia de ganado cabrío, la elaboración de queso y la calidad de éste en la Fuerteventura prehispánica.

Los Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura reflejan la importancia que siguió teniendo la tradición pastoril y quesera en la isla tras la conquista. En ellos se dictaban las instrucciones a seguir para comercializar el producto y se establecía un sistema de medidas y precios, sobre todo en las épocas de hambruna, que en esos años asolaban la isla.

El comercio ha sido una actividad fundamental en la historia y el desarrollo de la humanidad. En el archipiélago canario, cuya posición geográfica resultaba estratégica, esta actividad se remonta a principios del siglo XV, momento en el que los europeos buscaban una nueva ruta comercial por el Atlántico.

Comerciantes de la más diversa procedencia confluyen en Canarias: castellanos, catalanes, genoveses, portugueses, franceses, ingleses, hamburgueses, flamencos… El comercio en las islas se ejercía  a tres niveles: comercio exterior, regional y local.

Fuerteventura como isla de señorío, contaba con una serie de gravámenes (el quinto) y restricciones, con los que no contaban las islas de realengo. Participaba sobretodo del comercio regional o interinsular, que era marítimo y del comercio local. Éste era más cotidiano y contaba con varios canales de distribución: comerciantes con tienda, mercaderes que recorrían la isla y vendedoras, responsables de la venta de quesos.

El más completo de los historiadores de la isla de Fuerteventura fue el Doctor Rene Vernau que como buen naturalista describió (1884-1888) a la perfección los ganados, los tipos de pastoreo, los pastores e incluso la manera tradicional de elaboración del queso:

“(…) Su fabricación es muy simple, tan pronto como se ordeña -la leche- se coagula por medio de cuajos y entonces se mete en moldes simples de laminillas de madera (palma) dispuestas en círculo y que se colocan sobre un tablero. Se aprieta con las manos la leche cuajada, hasta que esta haya soltado todo su suero y el queso sea muy consistente. Ya solo queda frotarlo con sal y dejarlo secar; una vez seco se vuelve tan duro que hace falta una piedra o un martillo para romperlo, con frecuencia en Fuerteventura se le hace sufrir una operación suplementaria, cuando está medio seco se le frota la parte exterior con una tierra arcillosa que le da un aspecto poco apetitoso, sin duda esta práctica tiene por objeto impedir que se endurezca mucho”.

 

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